La guerra de precios en prevención: una reflexión sobre el modelo de prevención

18 marzo, 2026

Hoy nos gustaría publicar una carta abierta de nuestra Directora General, Nicoleta Plesoianu

Por eso, más de diez años después de las grandes transformaciones que vivió el sector con la venta de las sociedades de prevención de las mutuas, creo que merece la pena hacerse una pregunta incómoda:

¿Qué ha cambiado realmente en el modelo de prevención en España?

En realidad, este debate no es nuevo.

Ya en 2001, el conocido “Informe Durán” advertía de las distorsiones que se estaban generando en el mercado de la prevención y planteaba la necesidad de separar claramente el papel de las mutuas y los servicios de prevención ajenos.

Años más tarde, en 2013, Joaquín Ruiz hablaba ya del posible ocaso del sistema basado en la predominancia de los SPA”, señalando factores como la presión normativa, la autogestión preventiva en pequeñas empresas o la sostenibilidad económica del modelo.

Y en 2020, cinco años después de la venta de las sociedades de prevención de las mutuas, algunos análisis del sector mostraban una realidad paradójica: desde el punto de vista empresarial el mercado seguía creciendo y algunos grandes operadores alcanzaban niveles de rentabilidad importantes. Sin embargo, esa evolución económica no parecía traducirse en mejoras equivalentes en los indicadores de siniestralidad laboral.

Esa paradoja invita a una reflexión más profunda.

La salida de las mutuas de las sociedades de prevención marcó, sin duda, un punto de inflexión en el sector. En aquel momento muchos pensamos que esa transformación podría abrir una nueva etapa caracterizada por una mayor profesionalización, una competencia basada en la calidad técnica y modelos operativos más eficientes.

Sin embargo, la evolución real ha sido distinta.

El sector ha vivido una fuerte consolidación empresarial, pero no necesariamente una transformación profunda del modelo.

Hoy muchos servicios de prevención ajenos seguimos compitiendo en un mercado donde la diferenciación es escasa y donde el precio se ha convertido en el principal argumento comercial. Con el tiempo, esta dinámica ha generado una auténtica guerra de precios que ha ido erosionando progresivamente el valor de la prevención.

Las consecuencias son visibles: márgenes cada vez más ajustados, sobrecarga técnica, poca capacidad de inversión en innovación y una percepción creciente de la prevención como un servicio administrativo necesario para cumplir con la normativa.

En otras palabras, entre todos hemos contribuido a que la prevención se perciba en muchas ocasiones como una commodity, un servicio difícil de diferenciar entre proveedores.

Quizá uno de los problemas más profundos del sector sea cultural. Durante años hemos vendido la prevención fundamentalmente como una obligación legal que hay que cubrir al menor coste posible.

Sin embargo, el verdadero valor de la prevención está en otro lugar.

La prevención bien gestionada reduce el absentismo, mejora la productividad, contribuye al bienestar de las personas y ayuda a construir organizaciones más sostenibles. Pero mientras el sector no sea capaz de explicar, medir y vender ese valor, seguirá atrapado en un modelo de bajo margen y escasa diferenciación.

Y todo esto ocurre mientras las empresas están cambiando rápidamente.

Hoy hablamos de análisis de datos en salud laboral, de bienestar organizacional, de ergonomía y psicosociología avanzada, de gestión estratégica del absentismo o de digitalización de procesos preventivos. En muchos casos, las organizaciones están empezando a entender que la salud de las personas y la calidad del entorno de trabajo forman parte de su competitividad.

La pregunta es inevitable:

¿estamos los servicios de prevención ajenos preparados para acompañar ese cambio?

Porque el futuro del sector difícilmente podrá seguir apoyándose únicamente en un modelo basado en horas técnicas y servicios médicos percibidos muchas veces como un trámite administrativo.

Probablemente el futuro pase por otra cosa: por una prevención más apoyada en datos, en conocimiento especializado, en tecnología y en una mayor integración con la estrategia de las empresas.

En otras palabras, el reto del sector ya no es solo técnico o sanitario.

Es también profundamente estratégico.

A todo ello se suma otro desafío que empieza a ser cada vez más evidente: la escasez de profesionales especializados.

Cada vez resulta más difícil encontrar técnicos superiores con experiencia o médicos especialistas en medicina del trabajo. La oferta formativa es limitada y, en el caso de la medicina del trabajo, la especialidad compite con otras áreas médicas que ofrecen trayectorias profesionales más visibles o mejor valoradas.

Al mismo tiempo, el propio modelo del sector —basado muchas veces en precios muy ajustados y una alta carga de trabajo— tampoco facilita atraer y retener talento.

Y sin talento, el sistema simplemente no puede sostenerse.

Quizá por eso una de las preguntas más importantes que debería hacerse hoy el sector es esta:

¿Estamos creando un entorno profesional en el que los mejores quieran trabajar… o uno del que terminarán marchándose?

La prevención de riesgos laborales no es una simple actividad administrativa. Es una profesión con un enorme impacto social, que protege la salud de millones de trabajadores y contribuye al buen funcionamiento de las organizaciones.

Pero para que las nuevas generaciones quieran dedicarse a ella, el sector debe ser capaz de poner en valor su verdadera relevancia y ofrecer proyectos profesionales atractivos.

Por eso creo que el debate sobre el futuro de la prevención no es solo regulatorio ni económico. Es también una cuestión de talento, de prestigio profesional y de visión de futuro.

La prevención sigue siendo esencial para las empresas y para la sociedad. Pero el modelo actual del sector necesita una reflexión profunda.

Quizá la pregunta ya no sea si el sistema está en crisis.

Quizá la verdadera pregunta sea otra:

¿Seremos capaces de reinventarlo?

A pesar de los desafíos, también es cierto que el sector tiene una enorme oportunidad por delante. Nunca antes las empresas habían sido tan conscientes del impacto de la salud, el bienestar y la seguridad en la sostenibilidad de sus organizaciones.

Si somos capaces de evolucionar hacia modelos más estratégicos, apoyados en conocimiento, tecnología y talento, la prevención puede convertirse en uno de los pilares de la gestión empresarial en las próximas décadas.

Quizá estemos, simplemente, ante el inicio de una nueva etapa.