De un tiempo a esta parte miramos con cierta envidia a los países que han tenido la posibilidad de agilizar sus procesos de vacunación frente a la COVID-19 como es el caso de Reino Unido ó el aún más emblemático Israel, sin olvidar el ejemplo de Gibraltar. Al margen de polémicas que las ha habido respecto a la adquisición de vacunas o a las políticas implementadas para administrarlas, la realidad de estos sitios es tan positiva que se ha convertido en el espejo en el que queremos mirarnos.

Si nos centramos en el ejemplo de Israel donde  la vacunación ha sido una de las más rápidas del mundo nos encontramos con datos absolutamente esperanzadores con caída drástica de los contagios, fallecidos y pacientes en estado grave. En este momento solo hay unos dos centenares de hospitalizados en condición crítica, y los enfermos activos son poco más de 2.500. El número de nuevos casos diarios se ha reducido hasta los 200 de media.

Con gran parte de su población inmunizada, Israel dio el domingo 18 de Abril otro paso hacia la normalidad: los ciudadanos  pudieron quitarse la mascarilla en la calle (al aire libre ) tras un año de imponerse su uso obligatorio para contener el virus.

Sin grandes restricciones, con una reapertura casi total y un ambiente que recuerda a los tiempos previos a la pandemia, muchos israelíes han salido a la calle sin  mascarilla, con el optimismo de sentir que siguen dejando atrás la pandemia tras una veloz vacunación que ha conseguido un descenso sostenido de la morbilidad.

Las mascarillas aún son obligatorias en espacios interiores, y Sanidad recomienda usarlas también en grandes reuniones o zonas concurridas en área exterior. No obstante, la obligación de ir con mascarillas en espacios cerrados podría ser levantada a finales de mayo.

 No obstante el país aún no ha alcanzado la inmunidad colectiva pese a sus progresos. Se pronostica que el mundo necesitará una tercera dosis tal y como deslizó el director general de Pfizer  hace meses.

Aunque queda aún camino por recorrer, Israel y quienes han agilizado sus procesos de vacunación, representan todo un símbolo de “optimismo” que ilustran como prosiguen con éxito su vuelta a cierta normalidad y nos transmiten la sensación es que la pandemia ya empieza a ser historia.